JAM DEL SALMÓN, DANZA CONTACT IMPROVISACIÓN

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Como bailarín de danza contact improvisation, músico para eventos y festivales de danza contact, y organizador de jams con música en directo, pongo el foco de atención en la importancia de la autarquía de nuestras danzas, y la capacidad de independizar nuestras reacciones corporales de los estímulos sonoros.

Desde ahí nació la Jam del Salmón (paradigma de la capacidad de ir contra-corriente), encuentro de Danza Contact Improvisación.

A continuación copio el Manifiesto del Salmón, donde quedan reflejados los principios de esta investigación:

 

Nosotros somos salmones, expertos nadadores, acróbatas del salto, llenos de gracia y de color.
Mucha gente conoce nuestro remontar los ríos hasta el lugar donde nacimos, para a su vez dar a luz (o mejor, romper aguas). Pero rara vez se nos entiende.
Remontar el río NO es una insensata y romántica lucha contracorriente. Para cada fuerza, existe otra, complementaria, en sentido contrario. El flujo del agua baja de la montaña, empujada por la gravedad, pero esa misma fuerza es la que hace que se generen contra-corrientes, reflujos que suben el río; éstas son las fuerzas que nosotros aprovechamos para remontar el río.
Si os acercáis a una cascada o pequeño salto de agua, y tiráis a la corriente un puñado de hojas secas, podréis ver como algunas siguen con el curso del río, río abajo, pero otras, sorprendentemente, normalmente pegaditas a la orilla, subirán río arriba, hasta llegar de nuevo a la cascada (y así podrían estar, en bucle, hasta la eternidad –que es lo que el río simboliza).
Nosotros salmones no somos hojas secas, y sabemos aprovechar esas corrientes que suben río arriba, para, con un esfuerzo final, dar el salto que nos permita salvar el obstáculo, la cascada, aunque llegue a ser diez veces mayor que nosotros.
¿Qué tenemos que deciros, nosotros salmones, a los humanos?
Vosotros sabéis vuestros peligros. Vivís en una sociedad que excita hasta extremos patológicos vuestro deseo. Gracias a eso, os pueden hacer creer que es comprar ese coche lo que más quieres en el momento presente, que es irte al Caribe lo que alejará tus fantasmas, que es votar a este partido lo que necesitas para sentirte mejor ciudadano; es gracias a ese control del deseo como logran que creas que entrar en guerra con el enemigo dará sentido a tu existencia.
Vosotros humanos habláis mucho de dejarse llevar por las sensaciones. Pero, ¿qué sensaciones? Te pueden hacer sentir un odio tan visceral por tu “enemigo”, jugando con tu miedo, jugando con tus impulsos más básicos y animales, que no dudes en identificarlo como tuyo, y alistarte, coger el fusil, y matar o morir. Ay, tantas veces jugaron así con vosotros…
¿Por qué no parar cuando tengáis un impulso, y lo dejáis recorreros, dos, tres, diez veces?
¿Podéis hacer lo contrario de lo que os dice?
Tantas veces os hemos visto en las jams de contact bailando conscientes, pero cuando una mano tocó la música, y esta os aceleró, no supisteis poner freno a ese impulso, esa sensación que os impusieron desde fuera, y enloquecisteis en la danza, hasta golpearos unos contra otros. ¡Insensatos! Cuantos accidentes hemos visto así…
¿Cuál es la solución? ¿Encerraros en una burbuja, entre algodones, para que no os hagáis daños? ¿Eliminar los estímulos?
Nosotros los salmones os conocemos, y sabemos que podéis superar esos obstáculos, superaros a vosotros mismos como nosotros ante las cascadas.
¿Por qué no intentáis encontrar el reflujo, la contra-corriente que a toda corriente acompaña?
Sin esfuerzo, veréis como un nuevo camino se abre.
Os proponemos el sano ejercicio de llevar la contra-ria: cuando algo externo os mueva desde el interior en una dirección, intentar encontrar la dirección complementaria, en sentido contrario. Si la música se acelera y acelera vuestros corazones, ralentizar vuestros movimientos de forma proporcional, hasta así dominar vuestros corazones; así nunca olvidaréis dónde estáis, que estáis y estáis con otros.
Os invitamos a ser salmones conscientes, a no perder el sentido presente, y en función de eso actuar; os invitamos a perder la consciencia, a dejaros arrastrar por el flujo, a entrar en trance, pero sólo cuando no supongáis un peligro para vosotros y para los otros.
Un salmón, ya sea en el río, ya sea en el mar, sabe cuándo nadar con el flujo, cuándo con el reflujo, cuándo saltar, y cuándo parar.
¿Y tú, también eres salmón, o
“camarón que se duerme,
se lo lleva la corriente,
míralo, allá corrió,
se lo llevó”
?

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